Reposar mis escritos en Internet me resulta más positivo que hacerlo en un cuaderno, con los amores, los colores, las presiones, los errores que éste contiene. Escribir con la mano puede ser gratificante en el sentido de lo humano, en el sentido de lo bien, firme y real que una birome, un lápiz o cualquier elemento tangible puede ser. Las yemas de mis dedos sienten al teclado, que a pesar de haberlo calentado con el sinparar de mis fluctuaciones, algo frío. Parece ser que soy yo el que acomoda su cuerpo hacia el monitor y su teclado, y no ellos los que se acomodan a mí. Lo virtual se vuelve real. Mejor vuelvo al cuaderno.
En realidad, no lo haré. Algo de los escritos en los cuadernos se me tornó perturbante. Tuve un mal pensamiento hacia esas escrituras y la forma en que fueron escritas. Sentí que me sacaba velocidad, tenacidad, luz y picardía. Al menos eso creo que sentí, nunca sabemos qué sentimos. ¿Sabemos qué sentimos? Tal vez sí, pero las palabras no pueden decirlo. Alegría: siete malditas letras que no dicen nada.
Hoy te vi. Te vi, te vi, te vi.
A pesar de que últimamente no me atrevo a mirarte a los ojos, te vi.
Un vestido parecido a tu cuadro preferido te hizo bailar.
Tu sutileza.
Calando profundo en mi alma, porque me di cuenta que tenía alma
cuando te conocí.
Robando mis horas, mis pensamientos, mis otros amores.
Soñando con los mismos colores.
Escuchando con los ojos.
Haciéndome perder el hilo, que no hay.
Despertando cosas que no existían y que ahora no quiero que dejen de existir.
¿Por qué no podemos estar juntos? Hay algo que no sé hacer, y es conquistarte. Sin embargo, ambos sabemos que nos pertenecemos, que somos dos niños adentro del cuerpo de algún gigante. Dos niños iguales, que lloran por lo difícil que es entender el motivo de la soledad de nuestras mentes. Dos niños que intentamos evitar esa cuestión que nos carcome la conciencia. O tal vez sea yo el niño que tiene que usar máscaras para parecer grande, y vos ya tenés tu ser definido y puedas actuar con los demás, bailando en esa cuestión universal de la felicidad podrida. Lo malo de ser un niño escondido es que dejar volar tus emociones implica desafinar con el tono general.
Mi única preocupación "seria": volvete una niña, que lo sos.