viernes, 18 de mayo de 2012

-¡Gerineldo! ¡Auxilio! ¡Creo que tengo un tumor cerebral! ¡He perdido la vista para siempre!-

Muchas veces Emir alucinaba enfermedades. Se lo ha catalogado de hipocondríaco. Con el tiempo los doctores entenderían que estaban frente un auténtico genio. Claro que es totalmente entendible su reacción. No es fácil darse cuenta cuándo uno está frente al próximo creador de ideas primeras. Por lo general cuando a uno le toca enfrentar a un hipocondríaco se encuentra con simples copiones, personas completamente locas y desesperadas por escapar de las estructuras y los montones.
Emir no era estéticamente agradable para la percepción occidental del siglo XXI. Cruzarlo en la vía pública era una sorpresa desagradable. Cambiaba de rumbo los pensamientos de aquél que se detuviera a observarlo al menos con un vago detenimiento. Su lánguido y lacio pelo era de un marrón con suaves tonos de bordó. Unas gafas anormales le daban coherencia a la estúpida posición de su boca, la cual estaba comprendida por unos labios finos, rosados y húmedos. De alguna manera los consumidos pómulos estaban relacionados con sus orejas, siempre frías y descubiertas por la mitad. Daba la impresión de no estar allí donde estaba. Alma y cuerpo estaban distanciados diría algún extraño que lo viera a la luz de los primeros rayos del sol en sus paseos matutinos por la Avenida Halo.
Murió de fiebre del alma. El último registro antes de que ésta juntara las fuerzas necesarias para abandonar el cuerpo fue de 42º. Cuatro días antes de la separación de los cuerpos, los médicos trascendentales diagnosticaron que la situación era irreversible. El dr. Zandromanco intuyó instantáneamente al momento que Emir entró en su despacho que era una persona con una dualidad corporal vibrante y que esto derivaría en consecuencias fatales para su existencia. Fue por aquél motivo que instó a sus colegas

jueves, 29 de diciembre de 2011

Te miran. Son los extraños.

¿Cómo se puede andar regalando miradas? Un segundo de tu mirada debería costar dos frutas, dos jugosas y sabrosas frutas. Pueden ser ácidas, dulces, incluso amargas. Pero vale, tu mirada vale. Nada es efímero. Sólo el dolor lo es. Permití junto a mí que el dolor sea efímero, porque si no lo hacés vas a vivir con un hueco. HUECO.

Desesperados anhelan tu mirada
la desean, quieren jugar con ella
no entienden que no es un juego
no es un asunto serio ni aburrido, pero

tu mirada vale
vale material
y vale espíritu

no hace falta esconderla
no hacen falta ojos esquivos
ni ojos equívocos

domingo, 11 de diciembre de 2011

Collage.

Reposar mis escritos en Internet me resulta más positivo que hacerlo en un cuaderno, con los amores, los colores, las presiones, los errores que éste contiene. Escribir con la mano puede ser gratificante en el sentido de lo humano, en el sentido de lo bien, firme y real que una birome, un lápiz o cualquier elemento tangible puede ser. Las yemas de mis dedos sienten al teclado, que a pesar de haberlo calentado con el sinparar de mis fluctuaciones, algo frío. Parece ser que soy yo el que acomoda su cuerpo hacia el monitor y su teclado, y no ellos los que se acomodan a mí. Lo virtual se vuelve real. Mejor vuelvo al cuaderno.

En realidad, no lo haré. Algo de los escritos en los cuadernos se me tornó perturbante. Tuve un mal pensamiento hacia esas escrituras y la forma en que fueron escritas. Sentí que me sacaba velocidad, tenacidad, luz y picardía. Al menos eso creo que sentí, nunca sabemos qué sentimos. ¿Sabemos qué sentimos? Tal vez sí, pero las palabras no pueden decirlo. Alegría: siete malditas letras que no dicen nada.

Hoy te vi. Te vi, te vi, te vi.
A pesar de que últimamente no me atrevo a mirarte a los ojos, te vi.
Un vestido parecido a tu cuadro preferido te hizo bailar.
Tu sutileza.
Calando profundo en mi alma, porque me di cuenta que tenía alma
cuando te conocí.
Robando mis horas, mis pensamientos, mis otros amores.
Soñando con los mismos colores.
Escuchando con los ojos.
Haciéndome perder el hilo, que no hay.
Despertando cosas que no existían y que ahora no quiero que dejen de existir.

¿Por qué no podemos estar juntos? Hay algo que no sé hacer, y es conquistarte. Sin embargo, ambos sabemos que nos pertenecemos, que somos dos niños adentro del cuerpo de algún gigante. Dos niños iguales, que lloran por lo difícil que es entender el motivo de la soledad de nuestras mentes. Dos niños que intentamos evitar esa cuestión que nos carcome la conciencia. O tal vez sea yo el niño que tiene que usar máscaras para parecer grande, y vos ya tenés tu ser definido y puedas actuar con los demás, bailando en esa cuestión universal de la felicidad podrida. Lo malo de ser un niño escondido es que dejar volar tus emociones implica desafinar con el tono general.
Mi única preocupación "seria": volvete una niña, que lo sos.

jueves, 20 de octubre de 2011

Laberintos de cristal
Pasajes sin final
Tu sendero es complicado
Lo voy a recorrer igual

viernes, 30 de septiembre de 2011

Siempre estás por despertar
te tiemblan las piernas
y nunca lo hacés

Siempre estás por despertar
un extraño te observa
te intimida y lo ves

Siempre estás por despertar
hábitos banales se interponen
y estímulos de a tres

lunes, 15 de agosto de 2011

Consejo.

Por más alocad@s que sean tus pasiones, sentimientos y pensamientos, no dudes en externalizarlos de cualquier forma. Nunca escondas lo que surge. Y si nada surge, nada sos.

Pensamientos iniciales.

¿Son la mayoría de los pensamientos del día banales? ¿Cómo hacemos para determinar si un pensamiento nos sirve o no? Habría que detectar cuando nos estancamos en pensamientos que no llevan a ningún lado para intentar acaso desecharlos y dirigir la concentración hacia otros lado ¿Qué es lo útil? ¿Lo que nos hace progresar? Me cuestiono estupideces, mis ideas son locas, abstractas y alejadas de la realidad. A veces construyo barreras de forma involuntaria entre la sociedad y yo. No me gusta que ocurra eso, para mí la vida consiste en conexiones y éstas se dan sin pensar tanto. Simplemente se dan, las personas son afines o no lo son.
¿Qué nos hace afines a otras personas? Me pregunto si debemos acomodar nuestra forma de ser para poder entablar relaciones. Me pregunto si debemos disimular sentimientos, acallar opiniones y reprimir pensamientos para poder conectar con otras personas. Me pregunto si es tan importante conectar con otras personas. Ya sé que renglones atrás que la vida son las conexiones que generás, pero me pregunto día a día por dónde pasa la vida.

¿Similitudes en la personalidad? ¿Reírnos de las mismas cosas? ¿Llorar por la misma canción? ¿Una misma vocación? ¿Practicar el mismo deporte? ¿Realizar los mismos viajes? ¿El amor al arte? ¿Compartir una ideología?

A veces es necesario abandonar estos tipos de pensamientos que no llevan a ningún lado y dejarse llevar por la corriente, como el cadáver del salmón cuyas branquias y aletas desistieron de la lucha inconsistente del revés.